Quema de libros en Argentina
Acusan a Intendente de ordenar la quema de libros
(Tomado de El Diario de Paraná, Provincia de Entre Rios)
Fue después de la remodelación de la Biblioteca Pública Facundo Arce,
aunque se desconoce qué criterio aplicaron las autoridades. El antecedente
más próximo ocurrió en 1980, durante la dictadura, cuando se incineró un
millón y medio de libros en Buenos Aires.
Ricardo Leguizamón
El intendente de María Grande, el justicialista Diego Lara, quedó envuelto
en un serio incidente luego de que un grupo de vecinos lo acusara
públicamente de haber mandado quemar un millar de libros en el basural de
la ciudad. Además de Lara, quedó también sindicato como ideólogo de la
medida el secretario de Gobierno de la Comuna, Mario Ferri, de quien se
recuerda su pasado como funcionario del último Gobierno comunal de la
dictadura.
Los libros, que pertenecían a la Biblioteca Pública Facundo Arce, fueron
retirados del lugar luego de unos trabajos de remodelación en el local
donde además funciona el Concejo Deliberante de María Grande, en la
céntrica Avenida Argentina. Afortunadamente, no todos se destruyeron:
aproximadamente 400 fueron rescatados por los vecinos, y ahora están en
custodia en el domicilio particular de un concejal vecinalista, Julio
Quintana, aunque se presume que hay más distribuidos en domicilios
particulares de María Grande, una ciudad ubicada a 85 kilómetros de
Paraná.
La reacción más dura una vez conocido el hecho provino de la Comisión
Popular para la Defensa de la Cultura de María Grande, que repudió
públicamente "la quema de centenares de libros de nuestra Biblioteca
Pública: una acción repudiable, imperdonable y delictiva ordenada por el
actual Gobierno municipal".
Mauricio Castaldi —cuyo bisabuelo donó la propiedad donde ahora funciona
la Biblioteca Pública —, miembro de la Comisión para la Defensa de la
Cultura , reclamó la intervención directa del secretario de Cultura de la
provincia, Roberto Romani. "¿Esta es la política cultural y la defensa de
los derechos humanos de la que tanto se habla desde los Gobiernos
provincial y nacional? ¿Su política es darle poder a ex funcionarios de la
dictadura para que quemen libros?", se preguntó.
INDIGNACIÓN. Todo empezó hace dos meses. La administración del intendente
Lara dispuso la remodelación del edificio de la Biblioteca Pública , y
producto de esa tarea fue que se habría dispuesto el retiro de cientos de
ejemplares. De todos modos, ayer EL DIARIO no pudo dar en todo el día con
Lara, a pesar de los insistentes llamados tanto a su despacho en la
Municipalidad como en su domicilio particular.
Sólo Miguel Sacks, presidente del HCD accedió a hablar aunque sin aportar
demasiado. "Sé que se sometió el edificio a una remodelación con la
intención de dar mejor atención a la gente, pero de los libros no sé nada.
En todo caso, eso es resorte del Ejecutivo, que es quien debe responder
por eso", dijo Sacks.
— ¿Sabe algo de la quema de libros?
— No, no sé nada. Pero si me da un tiempo prometo ponerme a averiguar qué
fue lo que pasó.
El sitio digital http://www.actividadonline.com.ar se hizo eco del
asunto y puso en
su página de Internet una información detallada, con fotos de los libros
rescatados del basural. "La reforma llevada acabo por el intendente Diego
Lucio Nicolás Lara (PJ) y su secretario municipal Mario Aníbal Ferri (...)
se ha llevado lo más valioso que puede tener un pueblo, su historia, al
eliminar de los estantes de la biblioteca mas de mil libros sin ninguna
explicación. Estos ejemplares fueron arrojados al basural municipal y
varios de ellos fueron rescatados de las llamas por personas que
habitualmente recorren la basura en busca de un sustento para paliar su
difícil situación económica", dice el texto de la noticia.
Entre los ejemplares rescatados, se destacan un Martín Fierro, de la
década de 1950, y además textos de Medicina, Literatura, Historia,
Matermática, Física, manuales e infinidad de obras de autores
contemporáneos.
Para destacar
Antecedente. En septiembre último se conoció la determinación del jefe
comunal de mandar a ubicar en una fosa comúna restos de personas
fallecidas, cuyos deudos estaban en mora con el pago del derecho de
panteón en el Cementerio. La decisión se llevó adelante con tal mal
criterio que entre los afectados figuraban personas que habían sido los
primeros pobladores de la ciudad, cuyos restos ocupaban las galerías más
antiguas del lugar.
Una práctica asociada con la última dictadura
Hay un sustantivo que denomina a los quemadores de libros:
"biblioclastas". Los hubo antes, después, ahora, en todos los tiempos,
desde la Inquisición de la Iglesia Católica , pasando por el régimen
racista de Adolf Hitler hasta la última dictadura militar argentina. El
Proceso de Reorganización Nacional que se instaló en el país el 24 de
marzo de 1976 no sólo produjo la desaparición de personas sino que
estableció un ordenamiento ideológico que tocó todas las aristas de la
vida social. La Dirección Nacional de Publicaciones era uno de los
organismos encargados de velar qué se podía publicar y qué no.
Aunque no hay datos precisos respecto de la pérdida que hubo, sí se sabe
de un caso emblemático: la quema de 1,5 millón de libros que pertenecían
al Centro Editor de América Latina, a mano de la Policía de Buenos Aires,
hecho ocurrido el 30 de agosto de 1980. Pero también ocurría que se
prohibían libros, como Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Borneman,
en este caso del género infantil. La veda también alcanzaba a los
colegios: en 1977, el Ministerio de Cultura y Educación publicó la
circular "Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro
enemigo)", un decálogo de qué lo que se debía y no se debía hacer en las
aulas.
(Tomado de El Diario de Paraná, Provincia de Entre Rios)
Fue después de la remodelación de la Biblioteca Pública Facundo Arce,
aunque se desconoce qué criterio aplicaron las autoridades. El antecedente
más próximo ocurrió en 1980, durante la dictadura, cuando se incineró un
millón y medio de libros en Buenos Aires.
Ricardo Leguizamón
El intendente de María Grande, el justicialista Diego Lara, quedó envuelto
en un serio incidente luego de que un grupo de vecinos lo acusara
públicamente de haber mandado quemar un millar de libros en el basural de
la ciudad. Además de Lara, quedó también sindicato como ideólogo de la
medida el secretario de Gobierno de la Comuna, Mario Ferri, de quien se
recuerda su pasado como funcionario del último Gobierno comunal de la
dictadura.
Los libros, que pertenecían a la Biblioteca Pública Facundo Arce, fueron
retirados del lugar luego de unos trabajos de remodelación en el local
donde además funciona el Concejo Deliberante de María Grande, en la
céntrica Avenida Argentina. Afortunadamente, no todos se destruyeron:
aproximadamente 400 fueron rescatados por los vecinos, y ahora están en
custodia en el domicilio particular de un concejal vecinalista, Julio
Quintana, aunque se presume que hay más distribuidos en domicilios
particulares de María Grande, una ciudad ubicada a 85 kilómetros de
Paraná.
La reacción más dura una vez conocido el hecho provino de la Comisión
Popular para la Defensa de la Cultura de María Grande, que repudió
públicamente "la quema de centenares de libros de nuestra Biblioteca
Pública: una acción repudiable, imperdonable y delictiva ordenada por el
actual Gobierno municipal".
Mauricio Castaldi —cuyo bisabuelo donó la propiedad donde ahora funciona
la Biblioteca Pública —, miembro de la Comisión para la Defensa de la
Cultura , reclamó la intervención directa del secretario de Cultura de la
provincia, Roberto Romani. "¿Esta es la política cultural y la defensa de
los derechos humanos de la que tanto se habla desde los Gobiernos
provincial y nacional? ¿Su política es darle poder a ex funcionarios de la
dictadura para que quemen libros?", se preguntó.
INDIGNACIÓN. Todo empezó hace dos meses. La administración del intendente
Lara dispuso la remodelación del edificio de la Biblioteca Pública , y
producto de esa tarea fue que se habría dispuesto el retiro de cientos de
ejemplares. De todos modos, ayer EL DIARIO no pudo dar en todo el día con
Lara, a pesar de los insistentes llamados tanto a su despacho en la
Municipalidad como en su domicilio particular.
Sólo Miguel Sacks, presidente del HCD accedió a hablar aunque sin aportar
demasiado. "Sé que se sometió el edificio a una remodelación con la
intención de dar mejor atención a la gente, pero de los libros no sé nada.
En todo caso, eso es resorte del Ejecutivo, que es quien debe responder
por eso", dijo Sacks.
— ¿Sabe algo de la quema de libros?
— No, no sé nada. Pero si me da un tiempo prometo ponerme a averiguar qué
fue lo que pasó.
El sitio digital http://www.actividadonline.com.ar se hizo eco del
asunto y puso en
su página de Internet una información detallada, con fotos de los libros
rescatados del basural. "La reforma llevada acabo por el intendente Diego
Lucio Nicolás Lara (PJ) y su secretario municipal Mario Aníbal Ferri (...)
se ha llevado lo más valioso que puede tener un pueblo, su historia, al
eliminar de los estantes de la biblioteca mas de mil libros sin ninguna
explicación. Estos ejemplares fueron arrojados al basural municipal y
varios de ellos fueron rescatados de las llamas por personas que
habitualmente recorren la basura en busca de un sustento para paliar su
difícil situación económica", dice el texto de la noticia.
Entre los ejemplares rescatados, se destacan un Martín Fierro, de la
década de 1950, y además textos de Medicina, Literatura, Historia,
Matermática, Física, manuales e infinidad de obras de autores
contemporáneos.
Para destacar
Antecedente. En septiembre último se conoció la determinación del jefe
comunal de mandar a ubicar en una fosa comúna restos de personas
fallecidas, cuyos deudos estaban en mora con el pago del derecho de
panteón en el Cementerio. La decisión se llevó adelante con tal mal
criterio que entre los afectados figuraban personas que habían sido los
primeros pobladores de la ciudad, cuyos restos ocupaban las galerías más
antiguas del lugar.
Una práctica asociada con la última dictadura
Hay un sustantivo que denomina a los quemadores de libros:
"biblioclastas". Los hubo antes, después, ahora, en todos los tiempos,
desde la Inquisición de la Iglesia Católica , pasando por el régimen
racista de Adolf Hitler hasta la última dictadura militar argentina. El
Proceso de Reorganización Nacional que se instaló en el país el 24 de
marzo de 1976 no sólo produjo la desaparición de personas sino que
estableció un ordenamiento ideológico que tocó todas las aristas de la
vida social. La Dirección Nacional de Publicaciones era uno de los
organismos encargados de velar qué se podía publicar y qué no.
Aunque no hay datos precisos respecto de la pérdida que hubo, sí se sabe
de un caso emblemático: la quema de 1,5 millón de libros que pertenecían
al Centro Editor de América Latina, a mano de la Policía de Buenos Aires,
hecho ocurrido el 30 de agosto de 1980. Pero también ocurría que se
prohibían libros, como Un elefante ocupa mucho espacio, de Elsa Borneman,
en este caso del género infantil. La veda también alcanzaba a los
colegios: en 1977, el Ministerio de Cultura y Educación publicó la
circular "Subversión en el ámbito educativo (conozcamos a nuestro
enemigo)", un decálogo de qué lo que se debía y no se debía hacer en las
aulas.
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